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Viernes, 09 Junio 2017 02:34

Documenta Colorado Seira “la otra parte del narco”

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El contacto con la muerte y la soledad de un exnarco, hijo del mentor de una tríada de capos, brinda tema al documental del creador chihuahuense Ricardo Colorado Seira: La otra parte: La historia no contada del narco. El diagnóstico de violencia nacional para el cineasta resulta endémico y nada halagüeño: “El narcotráfico se enquistó en nuestro sistema político, llegar aquí costó 40 años y salir de él costará otras cuatro décadas.”

“Mi padre fue uno de los iniciadores del narcotráfico en México. Mentor de tres de los capos más grandes y más buscados en el mundo…”

Es la primera confesión de José para el documental La otra parte: La historia no contada del narco, el protagonista omite su apellido verdadero aunque la cámara fílmica muestra su rostro real.

Así, en 98 minutos revela su contacto desde pequeño con el narco, la pérdida de toda su familia, su estadía en la cárcel y cómo, por el bien de sus hijos, ha dejado aquel pasado “porque no quiero que se repita la historia”.

El filme fue dirigido y producido por Ricardo Colorado Seira (nacido el 19 de enero de 1977 en Chihuahua, Chihuahua), quien argumenta que el apellido de José no tiene la menor importancia:

“No le quita veracidad a su historia, todos saben quién fue y no deja de ser un relato real que tristemente se repite todos los días.”

–¿Le podemos creer a José? –se le pregunta al realizador.

–Él tuvo un cambio en la prisión, por eso decide dar la cara. Había heredado el narcotráfico y se dio cuenta que estaba a punto de heredárselo a sus descendientes. Hay un tópico de credibilidad al 100%. Todo lo que se ve en la cinta existe.

Enseguida, resalta la finalidad de su largometraje:

“La intención del documental es prevenir y reconstruir. No es atacar o denostar ni enaltecer, sino crear conciencia sobre las causas y los orígenes del estallido de la violencia que ha cambiado el rostro de México.”

El cineasta igual ofrece un recorrido del problema del narcotráfico en México desde 1900 “en el Triángulo Dorado, que comprende las sierras colindantes de Durango, Chihuahua y Sinaloa”, hasta la fecha con especialistas como Rolando González Valdés, ex secretario de Educación del Gobierno de Sinaloa, escritor y profesor universitario; Adrián García Cortés, cronista de Culiacán, e Isaac Tomás Guevara, catedrático e investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Sinaloa, entre otros.

Además agrega testimonios de residentes en barrios humildes de la colonia Ladrillera, Chihuahua, quienes manifiestan cómo los infantes “no van a la escuela, por vender mariguana”, por ejemplo, de Herlinda Rodríguez Almazán, de Ciudad Juárez, Chihuahua, ama de casa que perdió a dos de sus tres hijos y creó un comedor para niños “pobres y que carecen de amor”.

Colorado Seira adelantó a Proceso que anda organizando una gira nacional de su documental junto con Cinema Park, una fundación que trabaja con Cinépolis. Asimismo, ya cuenta con más de 20 fechas para realizar streaming (difusión de contenidos vía internet) en polígonos de atención proletaria e invitaciones de instituciones educativas tales como el Tecnológico de Monterrey, para efectuar eventualmente más giras con dicha escuela.

Eduardo Verástegui, actor y cantante mexicano, es el otro productor del documental. Antonio Kosturakis Moreno, dirigió la fotografía. Colorado Seira estudió derecho en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y cuenta con una maestría en administración de empresas para el Tecnológico de Monterrey. De su autoría es el libro El tragón de fuego (editorial Perfiles 23), el cual contiene 12 cuentos.

Hacia 2010, junto con Pepe Portillo y Alejandro Monteverde, Colorado coescribió la película biográfica de Mario Moreno, Cantinflas. En enero de 2011, junto con el director Alonso Álvarez Barreda, efectuó la redacción del cortometraje de Crescend, ganador de 15 festivales internacionales de cine. Se llevó el Corazón de Cristal del Heartland Film Fest y triunfó en el Festival de Cine en Hollywood, colocándose entre los once primeros finalistas para recibir el Óscar al Mejor Cortometraje en 2013.

Generando conciencia

Tres ahorcados en un puente peatonal hacia 2009 fue la imagen que impulsó la piedra de toque para que Colorado Seira creara un filme:

“Creo que a los que nos tocó ver un México diferente, nos atañe proponer otro México… Yo soy parte de una generación que creció y jugó en la calle, y de pronto nos toca ser padres de familia y ver cómo ese espacio público se perdió totalmente, porque nos vemos secuestrados por el miedo y encerrados en nuestras casas.

“El arte y el cine proponen una ventana muy fuerte para poder generar conciencia y entender una problemática que nos afecta a todos. El narcotráfico nos afecta a todos por igual: a quienes consumen, a quienes no lo hacen; a quienes distribuyen y a quienes no distribuyen. Deseaba crear una historia para entender de dónde proviene ese conflicto, porque es cierta la frase de que quien desconoce la historia, está condenado a repetirla.”

José, el personaje, relata en la pantalla directamente:

“Con el paso del tiempo me di cuenta que el problema del narcotráfico no se debía a una coyuntura del sexenio, ni a un capo de la droga, ni a un cártel; sino a gran parte de un país que poco a poco estaba siendo tomado como rehén gracias a un mensaje: ‘El crimen paga, el crimen genera oportunidades’.”

En la película, el cineasta acentúa que hoy en día se estima que los ingresos generados por el tráfico de drogas entre Estados Unidos y México son de más de 40 mil millones de dólares al año.

“En los Estados Unidos no se ha detenido a ningún capo, ¡ni uno! Todos los capos son mexicanos, ¿cómo funciona aquella mafia? Allá, ¿quién está detrás?”, denuncia indignado el director. En La otra parte…también destaca que con Felipe Calderón se gastaron 360 mil millones de pesos para combatir el crimen, y que hace tres años se contabilizaban 80 mil muertos y miles de desaparecidos. Colorado Seira corrige los números:

“Ahora las cifras rondan por arriba de los 220 mil fallecidos y sólo en lo que va de este sexenio suman 12 mil 500 personas desaparecidas.”

Se ve a José que lleva al director hasta Sinaloa, a la casa donde vivía su papá en 1960.

Es un hogar humilde, deshabitado.

“Los primeros narcos son hijos de la miseria, mi padre ya no quería enterrar otro hijo”, expresa su narración: “Mi padre vio que para el cultivo faltaba el agua. Se trasladó a Culiacán a comprar mangueras para crear un sistema de riego. Ya sabían cultivarla, el asunto era cómo transportarla. Un día mi padre escuchó el motor de una avioneta. Donde no conocían los carros, fue sorprendente ver una avioneta…

“Un gringo la piloteaba y el copiloto era un campesino local, a quien mi padre le preguntó cómo podía hacerle para pilotear una. Le hablaron de una escuela en Parral, Chihuahua. Una vez que mi padre se hizo piloto, todo revolucionó. Formó una cantera de pilotos, los llevó a esa escuela. A los cinco años de pilotear, mi padre ya tenía una flota privada de aviones, unos 18…”

José revela que cuando tenía dos años de edad, su mamá murió intoxicada (tras haber procesado demasiada goma) y metieron a la cárcel a su padre, quien salió libre años después y participó en Búfalo, Chihuahua, con el capo Rafael Caro Quintero, donde sembraron mil hectáreas de mariguana.

“En 1994 mataron a mi padre con un tiro de gracia en su rancho de Culiacán; después del velorio, un gran número de mi familia y amigos regresaban a sus casas y en la carretera los asesinaron”, rememora. A él lo amenazaron para que no investigase nada, por lo que viajó a la Ciudad de México para estudiar ingeniería civil y filosofía. Posteriormente se involucró en el mercado estadunidense, lo apresaron y salió dispuesto a cambiar de vida.

“Pido perdón. No sé hasta dónde afecté…”, exterioriza.

Colorado Seira exalta que básicamente él llevó a cabo “un ejercicio de introspección, de comprensión del problema, desde la perspectiva de un hijo de un capo del narcotráfico”. Al final, aclara:

“Creo que es un tema en el que todos debemos participar porque podemos pecar por omisión. En el pasado el narcotráfico fue una salida para la gente que se encontraba en la pobreza; ahora, funciona como un gran corporativo. El narcotráfico se enquistó en nuestro sistema político, desde hace muchos años. Llegar aquí costó 40 años, salir de esto costarán otras cuatro décadas.”

Este reportaje se publicó en la edición 2117 de la revista Proceso del 28 de mayo de 2017.

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