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Los secretos de las reuniones secretas de una rugidora

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Por las Chicas Súper Poderosas

Un día se apareció de improvisto en el Barra Bar, Oscar Pérez (a) “El Chukie” Mayor. Estaba ansioso y traía los ojos vidriosos, la quijada chueca y la mirada como la del Terminator antes de entrar al caldero. Volteaba para todos lados, pero no encontraba a su objetivo, presa o víctima. De pronto le cayó el veinte y se dirigió al baño de las mujeres, entró sin importarle traer pantalones y camisa de manga larga y… ¡oh! Por fin… ahí estaba, sentada en una esquina la famosísima rugidora Gusana Mejía. Sintió que el corazón se le estabilizó, sacó un pañuelo, se secó el sudor y a empellones hizo salir a la edil del antro. Fue una tarea dura y muy ruda, pues la Mejía andaba cayéndose de borracha.

Una vez afuera, le dio unas cachetadas, la reanimó con una botella de agua y le gritó: “¡El Jefe quiere que comiences hoy mismo la segunda etapa de la operación troyana!”. Ya no quiere que andes de peda todos los días, que te apliques, que para eso te prometió una regiduría…

--¿Aunque sea la persona número 40 a la que se la promete? – Balbuceó Gusana.

--¡No seas estúpida! —Le saltó de un brinco, como si fuera mascarita sagrada, Oscar Pérez. “¡Ya sabes que Ramón siempre te cumple!, ¿o acaso no te sacó de la ruina segura cuando estabas pudriéndote en una oficina de tercera en Relaciones Públicas?”.

--Sí, está bien, alcanzó a gesticular Gusana antes de desmayarse por tanto alcohol que traía en las venas—

--… ¡Oh no!, --se quejó Oscar-- creo que voy a fracasar con esta pinche vieja. No sé por qué el jefe me encomienda estas pendejadas, perdón, tareas... Si me oyera el pinche gordo, me deshereda de seguro--, pensó Oscar para sus adentros.

Pero volvió a lo de Gusana. Como pudo, “El Chukie” volteó de lado a la rugidora y le dio unas patadas en el trasero, primero leve, pero después fuerte y luego más fuerte. Se sintió de pronto que estaba en Las Sombras Más Oscuras de Grey… ¡Pero no!, rápido volvió a la realidad y con un empujón despertó a su próxima Matahari.

--¡Escúchame bien tonta! --, le volvió a gritar a la desvalida mujer. El plan es el siguiente: La orden es que llames a los rugidores que tenemos infiltrados, los cites en tu casa y les des instrucciones precisas para darle un buen susto al presidente municipal. Esta vez no puedes fallar, ya que en todas las demás has fallado. Hoy lo vamos a boicotear, para que sepa quién es Ramón.

Pero algo no andaba bien. El Chukie Mayor no estaba conforme con su trabajo, por lo que antes de abandonar en un pasillo a la rugidora, se regresó y grabó las instrucciones en su celular. “Así no se le va a olvidar a la pendeja”, pensó y se retiró a toda prisa.

Por la mañana, Gusana no podía estar de pie por la enorme jaqueca que traía. ¡Un vaso con agua por el amor de Dios!... Gritaba como loca… ¡Oh no, porca miseria!... De haber sabido mejor ni nazco.

¡Pacheco…! ¡Pacheco!, ¡Pacheco!... Gritaba una y otra vez, pero nadie la escuchaba.

--Dónde se iría este animal, siempre que lo necesito anda con sus amiguitos del arcoíris—hilvanó su cerebro sobre el paradero de Pacheco.

Como pudo se levantó, se duchó, tomó lo primero que encontró en el sucio refrigerador y corrió a leer las instrucciones que le habían dejado en el teléfono.

“Este idiota piensa que soy tonta. Claro que entiendo todo, no tiene porque ponerme las letras en verdes y amarillas, imbécil… pero bueno”, pensó en voz baja. De inmediato se puso a trabajar. Manos a la obra, ahora si me van a pagar todas; ya verán la bola de campesinos que dirigen el Ayuntamiento, van a saber quién es la más rápida de la pradera”.

Aunque la cruda no la dejaba en paz y estaba más roja del rostro que de costumbre, primero le llamó a las más tonta de los rugidores, a Fellanni Fong.

--Hola, Fellanni, te necesito en mi casa el miércoles, un día antes de la sesión de Cabildo, es urgente, no te vayas a perder con tu marido… como siempre—

--Si amiguita, ahí estaré--, se oyó la voz chillona de Fellanni por el otro lado.

Después se comunicó con Juan Polís, a quien conocía mejor como La Hormiga Sub-atómica.

--Juan, tenemos reunión el miércoles, ¿va? --

--Si, si, si, cuenta conmigo… y todas mis antenas—

“…Hay no, yo con esta cruda y este imbécil con sus cosas. A ver si no la riega y se trae a todas sus hormigas” … pensó en silencio la maquiavélica edil.

Colgó y después les ordenó por teléfono a Gildardo Vende Plazas, a Jomero Mal Dotado y a Edel Mirra No Sabe Nada, que los quería de urgencia en sus santos aposentos el día D. Los demás ya sabían la clave y, además también sabían que les iba a tocar un buen billete si la operación troyana resultaba todo un éxito, por lo que no supieron decir no.

El último en hablarle fue a Gonzo Guz. El rugidor no era de los que se dejaba manipular por Gusana, pero ella, toda una lagartona y con diez mil kilómetros recorridos en estas lides, puso el altavoz del celular y le gritó al Gonzo: “¿O qué, quieres que les diga a los periodistas de los meses y meses que anduviste pecando a la Me Da Risa Madera?”

--No, no, no. Ni le muevas, ahí voy sin falta compañera--

--Je,je,je,je,je, así se maneja a los hombres—soltó Gusana con una mirada tipo Maléfica.

Se llegó el día de la carrera famada (perdón, quise decir de la operación famada) y Gusana hizo decorar su casa con flores, mandó traer viandas y los mejores vinos. Tenía que agasajar a los rugidores con todo… ¡pues vamos con todo!... como se lo había aconsejado Oscar.

La cita era a las 8:00 pm. Pero nadie llegaba. Qué raro. Comenzó a entrar en pánico, la ansiedad era insoportable, se tomó un prozac de 20 mm y dos diazepam… “¡Maldita sea, como me hacen falta mis tachas, pero las olvidé en le Barra Bar!”, gritó y dio un manotazo a los primeros canapés que encontró. No le importó arruinar el arreglo culinario que le había mandado su amiga Lupita Me deja Lejos.

Eran casi las 9:00 pm y nada. Estuvo a punto de entrar en depresión y cancelar todo, pero en eso vio la primera silueta que se acercaba a la puerta de entrada. Era Fellanni Fong… pero Gusana casi entra en delirium tremens y le da un patatús al ver a su compañera con un disfraz de Gatubela, pues iba con todo y el látigo y unas pulseras de picos por todos lados… y enseñando… hasta las anginas.

--¡Ay no…! — Se puso una mano en la frente gritó y le reclamó a Fellanni: ¡Amiga, las sesiones masoquistas son los viernes…! ¡No hoy, estúpida!, ¡Regresa a tu casa y cámbiate antes de que te vean los demás!

Fellanni se echó un clavado por la ventana y desapareció como por arte de magia.

Del coraje, Gusana agarró la primera botella de wiski que encontró y le dio un tremendo sorbo. “Para calmarme”, dijo. Respiró profundo, adoptó una pose falsa de yoga y se puso en el sofá a esperar las demás visitas.

…De pronto tocaron el timbre y saltó de un brincó para abrir. Pero casi se vuelve a desmayar al ver a Juan Polís con su botarga de hormiga y sus cursis antenitas…

--¡Oh no…!, otro idiota…

¡Juan, amigo, la reunión es seria, por favor quítate ese ridículo disfraz y ponte las pilas!

--Hey compañera, sin ofender. Recuerda que me sigue toda la Luz del Mundo—

“A ti no te sigue ni un oso hormiguero”, pensó en voz baja Gusana

--¡Qué dijiste! —

--No, nada. Que los hormigueros son un ejemplo de organización social y demás—

--Ah bueno… Así es mi buena rugidora. Piensa como yo y llegarás muy lejos—

--Ajá— Contestó con una sonrisa fingida la rugidora.

Bueno, bueno, ya casi llegan los demás. Sólo que la inútil de Fellanni llegó muy sexosa y la tuve que regresar, pero ya vuelve.

--Ja,ja,ja,ja,ja—se revolcó de risa Juan Polís cuando Gusana le contó que Fellanni había llegado vestida de Gatubela.

--Nomás le faltó su Batman a la pendeja—gritó Gusana, no sin antes soltar una sonora carcajada.

…Por qué tanta risa, gritó desde la ventana una voz ronca. Era el regidor Jomero Mal Dotado, que asomaba su regordeta cabeza por el diminuto espacio cuadrado.

--¡Ay! –gritó Gusana--, ¡ten cuidado hay un zombi atrás de ti! — gritó otra vez Gusana… ¿O será la pinche cruda?, pensó.

--No te preocupes, es Gil y más atrás viene la novia de Frankenstein… dicho con todo respeto rugidora, no se vaya usted a ofender, se disculpó Jomero con Edel Mirra No Sabe Nada, quien venía hasta atrás y nadie la había visto la cara.

--¡A mi cualquier chicle me sabe a menta cabrón!, como dijera Ismael Macías… ¡No mames Jomero! —Respondió Edel Mirra.

--Pero te advierto, que el que se ríe se lleva. Y sino, pregúntale al wey del Peri Cuevas—le advirtió la grandota rugidora al chaparrito edil.

--No, no, no, hay muere. Contigo mejor la paz— Adelantó Jomero.

--Ya por favor, orden y a lo que vamos. Yo ni me agüito por todo lo que me dicen. Joto, ratero, vende plazas, chofer eterno, negro de Manuel Galindo, mongolito, etc.—… trató de suavizar las cosas Gildardo Vende Plazas.

Está bien, para entrar en calor, tomen lo que quieran y ahorita les platico… rompió el hielo Gusana Mejía.

En eso estaban cuando… llegó resbalándose Fellanni Fong, a quien de plano habían olvidado. Esta vez llegó vestida de monjita, para que no hubiera pedo en el corral de Gusana.

De entrada, Gusana les advirtió: “Si quieren ser un grupo de malditos egoístas y avariciosos, van a arruinarlo todo, ya que después de esta locura debemos estar unidos. ¿Están de acuerdo?

---Siiiiiiiii---, gritaron al unísono los futuros traidores del Cabildo.

“La cosa es que tienen que faltar a la sesión de mañana. Yo sí voy a asistir, pero sólo será para medirle el agua a los camotes, no sean mal pensados. Pero si todo resulta como quiere el jefe Ramón, les recuerdo que les van a dar un milloncito, lo suficiente para que paguen sus deudas y hagan campaña…

Otra instrucción: Tienen que apagar los celulares y esconderse… al estilo Pitas Pelayo ya saben… Y ya para el jueves en la noche platicamos cómo nos fue, ¿va?”

--¿Pero, pero… si nos descubren? —Deslizó una nerviosa e insegura Fellanni Fong…

--A ver, a ver, Fellanni, si estamos pensando que nos van a descubrir, mejor no hacemos nada. Te recuerdo que no sabías cómo quitarte a tu hermano de encima hasta que te asesoramos para que no le dieras ni madres de tu sueldo… ¿o también ya se te olvidó?

--No amiga, yo sólo preguntaba—

--¡Pues no preguntes tonterías! —Espetó Gusana que para esa hora ya no aguantaba la resaca, le urgía otro wiski para tolerar a sus bisoños compañeros.

--¡Basta! — gritó Edel Mirra. Saquen la basura de sus pensamientos y vamos pa’ adelante. Así les decía yo a mis pepenadores y todo resultaba de poca madre. Entonces, hay que hacerlo, aunque nos vayamos al infierno.

--Ah no, si se trata del infierno, yo prefiero el cielo—comentó Juan Polís.

--Ya estúpidos, las órdenes del jefe no se discuten—Los cayó Gusana.

--La neta, la neta, ese no es ni nunca será mi jefe—habló por primera vez Gonzo Guz, al referirse a Ramón.

--A ver, a ver mi Gonzo. Ya te dije que, si vas a seguir con tus mamadas, te sacó la historia de la Me Da Risa Madera y como te la comías a besos.

--No pues yo nomás decía, pero está bien, lo que diga el grupo—, se doblegó Gonzo.

Y así fue, los rugidores, manipulados por Gusana, se aventaron al despeñadero. No lograron el éxito deseado y para el viernes el presidente los regresó a su realidad. Todos, menos Fellanni, volvieron al equipo del alcalde, aunque quedó el dejó de la traición en los zapatos.

Al otro día, Gusana estaba que echaba chipas.

--Esto me pasa por pendeja y por juntarme con pendejos—, gritaba una y otra vez.

“Pero en la primera oportunidad me voy a la Mesa de los Hijos de la Llorona, ahí en La Explosiva, y voy a tratar de leerles un cuento chino a Marraniaga, al Señor de los Anillos, perdón al señor Alcatraz y a Hectontin, para que se la crean y vean que Arturo es nefasto y que Ramón es el bueno.

Y si no me quieren hacer caso, pues me voy a quejar con mi amigo Luis Carlos Me Odia, a quien sería capaz de coquetearle para que digan sólo lo que yo quiera… Aunque viéndolo bien, tengo un plan C, y este es contarle todas las mentiras posibles al Redrogo Aguilera con tal de que escriba en contra de Arturo, porque si nada funciona, el jefe no me va a dar la segunda regiduría y Enrique exige mucho, pero mucho…mejor ni les cuento… si quiero ser diputada federal plurinominal.

Aunque también puedo echar mano del Club de Los Evaristos, que al cabo esos son más mensos y fácil los puedo manipular. Con una borrachera me los echo a la bolsa… ¿Verdad Dora Liz Terrón?

¡No… mejor tengo otro plan! Y eso lo verán a finales de agosto”.

… ¡Pero se van a acordar de mí! —gritó Gusana, no sin antes maldecir a sus compañeros rugidores. “Nomás no me pongan a estos idiotas y eso ya es ganancia.

Tomó otro wiski y le ordenó a su asistente: “¡Pacheco!, ahora sí, llévame otra vez al Barra Bar, que me voy a poner hasta las chanclas, nomás no vayas con el chisme a Lupita Me Deja Lejos ni a Gabriel Igor Zúa, porque me corren del fideicomiso y ya no me van a dejar subirme al yate “Pinche Vida”. (Ilustración/Ana Santos)

Esta historia… continuará.

 

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