Y es que una de las líneas de investigación que siguen los abogados de la Contraloría Municipal se centra precisamente en funcionarios de la pasada administración que, a como dé lugar, quieren seguir al frente de cargos públicos.
En esta línea de investigación –una de tantas que comienzan a trazar los encargados de la Contraloría y el Departamento Jurídico—aparecen el entonces coordinador de jueces municipales, Benito Gutiérrez González y la secretario del juzgado, Roberta Chaussadis Ceceña, como quienes presuntamente operaban la ordeña de recursos para entregarlos a la familia Michel y quedarse con su respectiva comisión.
EL TRIUNVIRATO
Hay que recordar que los Michel colocaron como coordinador de jueces a Benito Gutiérrez –un joven que de juzgados sabe lo que usted y nosotros de astronauta--, y éste a su vez se apoyó en dos mujeres que tampoco sabían nada, pero que las nombraron jueces por ministerio de ley; a saber, a Roberta Chaussadis Ceceña y Yareli Guadalupe Gómez Delgado.
La operación de negocios a través de los juzgados les resultó tan bien, que ahí nada se hacía si no pasaba por las manos de este trío que se le conoció como “El triunvirato”.
Así las cosas, Benito Gutiérrez era el todo poderoso señor de los juzgados municipales al lado de sus no menos ‘poderosas’ damas (El triunvirato), quienes tenían sumida la dependencia en un caos de atrasos, folios mal elaborados y cobros excesivos de horas extras quincenales, gracias a que la esposa de Benito era ni más ni menos que Diana Rodríguez Palomera, entonces jefa de recursos humanos.
El dinero entraba a raudales en los juzgados municipales a través de este trío, lo mismo solicitaban dinero a empresarios involucrados en multas excesivas, como el arreglo de cualquier folio a cambio de su respectivo moche.
LOS EMISARIOS
En tanto, Roberta Chaussadis Ceceña –como secretario del juzgado--era la mano derecha de Benito Gutiérrez y entre ella y el otro secretario, Guillermo Abraham Abundis, se encargaban de “arreglar” las actas y folios cuyo dinero debería entrar a las arcas municipales, pero que iban a parar a los bolsillos de este grupo de malos servidores públicos, y de ahí, a las manos de los jefes externos, según las indagatorias.
Fueron tan grandes los niveles de corrupción en los juzgados municipales durante la gestión de Benito Gutiérrez, la ex juez Yareli y la secretario Roberta, que todas las quincenas solicitaban que les pagaran horas extras, “por trabajar en el alcoholímetro”, fueran o no al operativo salvando vidas.
La Contraloría ya tiene pruebas documentadas de cómo Roberta Chaussadis y Yareli (que ya no trabaja en el Ayuntamiento) cobraban 21, 16 y 12 horas extras por cada “asistencia” al operativo, donde además se embolsan cantidades nada despreciables de dinero.
NEGOCIOS EN TRÁNSITO DEL ESTADO, CAROLINA Y CIA.
Roberta Chaussadis no solo medró con los juzgados municipales, sino que, por conducto de su hermana, de nombre Carolina Chaussadis, todavía forman parte de un grupo que hace negocios con todo tipo de trámites en las oficinas de la UNIRSE, pero, sobre todo, en el Departamento de Tránsito del Estado (Vialidad) con el trámite de licencias municipales y permisos provisionales para vehículos y motocicletas.
En dicho grupo figuran también la hija del ex regidor panista Juan José “El Peri Cuevas”, de nombre Taydé Cuevas, quienes por cada trámite de licencia se embolsan 500 pesos que les son entregados directamente por ciudadanos o por los “coyotes” que, a su vez les cobran a sus víctimas entre dos mil 500 y cinco mil pesos para que puedan obtener su licencia de conducir sin hacer ninguna prueba de vialidad.
Con la influencia que agarró Roberta Chaussadis en los juzgados municipales, se le hacía (hace) muy fácil conseguir clientes para su hermana, quien era empleada de confianza en Tránsito del Estado, pero que ahora ya es una trabajadora de base.
LA COLA DE HORTENSIA
La otra involucrada en los negocios turbios de la anterior administración, es ni nada más, ni nada menos, que Hortensia Dueñas Salcedo, la ex directora de Reglamentos. Esta mujer, es una de las principales investigadas por la Contraloría, ya que ella también formó parte –en proporciones escandalosas—de la corrupción que se registró en el gobierno del profesor Michel y su interino Pepe Martínez.
Poco a poco iremos desmenuzando los negocios de alto nivel (de mucho dinero) en los que está implicada la señora Hortensia Dueñas Salcedo, aunque por ahora les podemos adelantar que tiene a una de sus hermanas en la Tesorería Municipal y pretende meter a más familiares al Ayuntamiento.
Todo lo anterior viene a colación, porque estos tres personajes quieren quedarse como funcionarios públicos pese a que están siendo investigados.
LA UBRE Y LA JUBILACION FRUSTRADA
Benito Gutiérrez anda vuelto loco para que Luis Munguía lo deje en el Ayuntamiento, mientras que Roberta Chaussadis ya se acomodó como secretaria de la nueva coordinadora de jueces municipales, Rosalba Delgado, quien es una abogada íntegra, eficiente y muy profesional, y que no merece tener a una persona contaminada por años de corrupción como la señora Chaussadis.
Pero bueno, anda tan desesperado Benito Gutiérrez, que todavía el año pasado presumía que “alguien poderoso” del Ayuntamiento lo iba a jubilar al final de la administración; pero recientemente fue descubierto por formar parte de las “jubilaciones ilegales” y el teatro se le cayó, de ahí que ande buscando a Luis Munguía para pedirle favores.
Incluso se sabe que Benito le estuvo haciendo guardia a la Oficial Mayor Administrativa actual para quedarse como funcionario, incluso con amenazas y toda la cosa.
Por su parte, Hortensia Dueñas Salcedo ha lanzado una llanta salva vidas para que le permitan estar en Padrón y Licencias y quizás seguir haciendo de las suyas. Esta señora se sentía con tanto poder, que incluso también metió a su hermano en tesorería.
Los hechos escandalosos de corrupción van a surgir en cualquier momento, y al interior del gobierno de Luis Munguía nadie querrá un desaguisado cuando la verdad salga a la luz sobre estos personajes, si es que todavía forman parte del gobierno municipal.