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Martes, 01 Octubre 2013 21:21

Las propiedades de Caro Quintero en BB, convertidas en fraccionamientos y proyectos inmobiliarios

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Si alguien está feliz en  Bahía de Banderas por la liberación del capo Rafael Caro Quintero, este es el empresario Adrián Guerra Padilla, quien se presume es el prestanombres del otrora poderoso narcotraficante y quien se ha beneficiado con la venta de extensas áreas de terrenos que el narco había comprado cuando era el jefe de jefes y donde ahora se asientan varios fraccionamientos clase medieros y otros de interés social, sin contar la casona y las 140 hectáreas que todavía son de Caro en San José y Valle de Banderas.

 

 

Por Jorge Olmos Contreras

El empresario de materiales para construcción, Adrián Guerra Padilla, nunca pensó volver a tener tratos directos con el narcotraficante Rafael Caro Quintero, ni mucho menos que éste algún día abandonara la cárcel, pero la rueda de la fortuna da muchas vuelta y el capo por fin dejó la prisión gracias a un recurso legal, y aunque se considera prófugo de la justicia por existir una nueva orden de aprehensión y una solicitud de extradición a Estados Unidos, ya dejó sentir su influencia en Bahía de Banderas, donde tiene cientos de hectáreas de terrenos y en donde es beneficiario directo de la venta de tierras. En sus antiguas propiedades, ahora están varios fraccionamientos de interés social y otros de clase media a lo largo del boulevard turístico Riviera Nayarit y unos más por la carretera a San José del Valle, como Valle Dorado Tercera Etapa, Los Encantos y Santa Fe.

Lo anterior, sin contar un enorme predio donde todavía está a medio construir una casona imponente en donde el narcotraficante pretendía tener su propio solar rústico alejado de toda civilización y que hoy está en manos de Adrián Guerra Padilla.

De acuerdo con la investigación periodística, Rafael Caro Quintero tiene mucho interés en la zona de Bahía de Banderas, porque es ahí donde están sus propiedades, por lo que incluso le apuesta a colocar a un persona en la presidencia municipal despachando como alcalde, y éste sería ni más ni menos que el propio Adrián Guerra, a quien según pobladores de San José, lo está promoviendo como candidato del PAN y que para ello Caro Quintero estaría dispuesto a inyectarle la friolera cantidad de cinco millones de pesos.

En corto y en privado, la versión política que más se habla en Bahía de Banderas, es que Adrián Guerra ya tiene segura la candidatura de Acción Nacional por el peso financiero que tiene Rafael Caro Quintero, de quien se dice, mantendrá toda relación con   el señor Guerra para que siga cuidando sus tierras, ya que mientras el empresario de San José del Valle aparezca como dueño de los inmensos terrenos del capo del narcotráfico, la justicia mexicana no podría quitarle nada ni acusarlo de lavado de dinero.

EL DEPORTE DE LAVAR DINERO

Tanto el capo como el empresario, se han cuidado de hacer bien las cosas, por lo que todas las transacciones, simuladas o no, de compra ventas o permutas, han pasado por la mano del notario Jorge Careaga, quien entre sus más delicados expedientes, tiene todas las escrituras donde figuran los hijos de Rafael Caro Quintero haciendo negocios con Adrián Guerra Padilla.

Lo anterior, no obstante a que la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos advirtió que haría lo posible porque las inversiones relacionadas con Caro Quintero y su socio, el narcotraficante Juan José Esparragoza (a) “El Azul”, fueran castigadas, igual que su red familiar y sus testaferros por invertir su fortuna en empresas ostensiblemente legítimas y proyectos inmobiliarios, “por lo que esa oficina continuará señalando los bienes ilícitos de los narcotraficantes, y a aquellos que intentan ayudarlos en sus actividades”, según reportes de prensa.

Y es que el acaudalado empresario de San José del Valle habría negociado una permuta con Héctor Caro Elenes, hijo de Caro Quintero –eso dijo Adrián Guerra en una entrevista que VALLARTA UNO le hizo hace seis años—en la que Caro entregó más de mil hectáreas ubicadas en los ranchos La Peineta y Pozo de Las Higueras, también conocido como La Yesca, por sólo 14 hectáreas, que después el vástago del capo habría vendido a la constructora Dynamica, empresa que después construyó y comercializó el fraccionamiento “Valle Dorado”, ubicado por la carretera federal 200 del boulevard Riviera Nayarit, con lo que se habría cerrado el círculo del blanqueo de capitales, ya que Caro Quintero adquirió todos estos predios en su época de auge como el mayor narco de México.

Otros fraccionamientos que se levantaron en terrenos de Caro Quintero son “Los Encantos”, “Rincón del Cielo” –en este último las casas en coto alcanzan precios que van de los 96 mil a los 122 mil dólares—para clase pudiente y otros más antiguos y que se construyeron para empleados y trabajadores, pequeñas casas y departamentos de interés social como los que se encuentran en Santa Fe, Jardines del Sol y La Concha, y un nuevo proyecto de departamentos que está por desarrollarse.

El narco sinaloense también es dueño de 140 hectáreas en Valle de Banderas que colindan con la carretera Valle-San Juan, terrenos que tendrán alta plusvalía una vez que se haga realidad el proyecto de la carretera Guadalajara-Jala-Puerto Vallarta, que pasará precisamente por estas tierras.

EL PRESTANOMBRES

Los pobladores de San José del Valle, Nayarit y prácticamente todo el Valle de Banderas, conocen muy bien a Adrián Guerra Padilla, el empresario ferretero y de materiales de construcción que ha amasado una fortuna reflejada en amplias extensiones de tierra y en decenas de bienes inmuebles. Los vecinos de San José dicen que es dueño de casi todo el acceso principal de este pueblo, que se ubica a unos 20 minutos al noroeste de Puerto Vallarta, ya en el estado de Nayarit; sin embargo, otros le atribuyen sólo unas cuantas fincas polveadas del centro de esta delegación que forma parte del municipio de Bahía de Banderas.

Otros se refieren a Adrián Guerra con admiración: “Son unas máquinas de trabajar, él y sus hijos”, “así han hecho su dinero, son muy trabajadores”, “ellos no tienen nada chueco, son muy honrados”.

Sin embargo, Adrián Guerra –quien alguna vez fue candidato del PAN a la presidencia de Bahía de Banderas y perdió— hizo un pacto de intercambio de tierras con un nuevo desarrollador inmobiliario que había llegado a Bahía, un constructor de viviendas de interés social en el corredor de Nuevo Vallarta a Mezcales y de Mezcales a San Juan de Abajo, se trataba de Héctor Caro Elenes, un muchacho emprendedor, decían, que se ha dedicado, supuestamente, sólo a la construcción de casas en este lado de Nayarit.

Todo estaría bien hasta ahí, pero resulta que Héctor Caro Elenes es hijo del otrora poderoso narcotraficante Rafael Caro Quintero, y de quien heredó –vía la madre—los ranchos que el capo adquirió allá por los años ochenta en esta zona del estado de Nayarit, donde el narco pretendía tener un solar privado, donde nadie lo molestara para pasar su vejez, pero antes fue aprehendido, el cuatro de abril de 1985 por la entonces Policía Judicial Federal y la Interpol México, que en ese tiempo era dirigida por el comandante Miguel Herrera Aldana.

LOS VENDEDORES ORIGINALES

De acuerdo con una investigación de VALLARTA UNO, Rafael Caro Quintero compró a un precio ridículo los ranchos La Peineta y Pozo de las Higueras (otros lo conocen con el nombre de La Yesca) a las familias conocidos como “Los Texas Güeras” y a la de Nereo Fierros. Se trata de más de mil hectáreas de pastizales, terrenos en breña con muchos árboles que están enclavados, al menos uno de los dos, al norte de San Juan de Abajo, por una brecha polvorienta que conduce hasta a un potrero donde se puede observar todavía la casa a medio construir de lo que sería la mansión del narcotraficante.

Es una finca grande, con acabados de lujo, detalles en mármol, un desnivel que sería utilizado como bodegas y grandes ventanales desde donde se puede tener una amplia vista de todo el rancho.

El lugar estaba prácticamente abandonado y cualquier hijo de vecino podía entrar y salir de esa casa sin que nadie le dijera nada, aunque eso sí, comenta un informante, casi nadie se atrevía a meterse a los terrenos de Caro Quintero por temor a que le fuera a pasar algo o que los familiares del capo tomaran represalias.

El fotógrafo de VALLARTA UNO entró y tomó las fotos que acompañan este reportaje sin ningún problema.

Pero el abandono del rancho terminó cuando Héctor Caro Elenes se le acercó al empresario Adrián Guerra Padilla para ofrecerle en venta las casi mil hectáreas que forman El Pozo de las Higueras y La Peineta.

LA VERSION DE ADRIAN GUERRA

Consultado al respecto, Adrián Guerra afirmó a este reportero en marzo del 2007,  que él no quería comprar nada. “Además no tengo dinero en efectivo, todo mi dinero está invertido en tierras y casas”, “por lo que le dije a Héctor Caro que no me interesaba. Que le ofreciera los terrenos a otras personas”. “Sin embargo, se dio la posibilidad de la permuta y fue así como se dio la negociación”.

A Héctor Caro Elenes le interesaron 14 valiosas hectáreas que se ubican a un lado del fraccionamiento Valle Dorado –enfrente de Nuevo Vallarta--, pues su objetivo era seguir construyendo casas para vender. “Así es como se gana la vida, él se dedica a la construcción de vivienda, a nada más”, puntualizó Adrián Guerra.

De hecho, Héctor Caro desarrolló el fraccionamiento Santa Fe, por el camino a San Juan de Abajo. Se trata de un complejo de pequeñas viviendas de interés social, algunas en muy malas condiciones.

Pero nadie entiende cómo es que Héctor Caro Elenes le entregó, casi le regaló la herencia de su padre a Adrián Guerra. Muchos cuestionan esta transacción, porque es atípica; pues se preguntan que cómo es posible que el hijo de Rafael Caro Quintero haya entregado más de mil hectáreas a cambio de 14 de menor valor.

Adrián Guerra se defendió en esa entrevista, dijo que los ranchos no valían mucho, que sólo son “un montón de piedras”, que él las ocupaba (las tierras) para que pastara su ganado --pues tiene casi mil cabezas de bovinos de no tan mala calidad--, por eso decidió entrarle a este intercambio que generó suspicacias y una serie de rumores y chismes entre los pobladores de San José del Valle y pueblos aledaños, porque la gente comenta que no deja de ser una transacción con el hijo de un narcotraficante y por ser tierras que pertenecieron a un narco.

PERMUTA MILLONARIA

Para desarrolladores inmobiliarios, estos ranchos valen una fortuna, ya que sólo El Pozo de Las Higueras, donde está la casa a medio construir de Caro Quintero, tiene una extensión de 457 hectáreas, mientras que La Peineta está formada por 600 hectáreas. Este último rancho se ubica por la carretera a Valle de Banderas, pegado a otra propiedad de Adrián Guerra, donde los domingos de cada quince días se realizaban carreras parejeras de caballos con apuestas.

Adrián Guerra explicó en ese entonces que la permuta fue conveniente para el hijo de Caro Quintero, ya que las 14 hectáreas de Valle Dorado tuvieron un costo de tres millones de pesos cada una, es decir, su valor real fue de 42 millones de pesos, “pero además se les puede sacar mucho más dinero con la construcción de casas”, subrayó Guerra.

Sostuvo que él dio ocho hectáreas por uno rancho y seis por el otro, fue así como quedó pactada la permuta. De esta manera, la herencia de Rafael Caro Quintero quedó en manos de quien menos se pensaba, del empresario y político Adrián Guerra Padilla, quien no descarta trabajar las tierras que pertenecieron al capo, en un futuro no muy lejano.

Ahora los pobladores de San José se preguntan si Adrián Guerra es socio de Caro Quintero, su prestanombres, o sólo fue un simple comprador de las tierras del hijo de aquél.

EL APELLIDO ELENES

Héctor Caro Elenes es un desarrollador común y corriente, sin embargo, su apellido siempre ha estado ligado a grupos de narcotraficantes, como Claudia Adriana Elenes Salazar, quien fue implicada cuando detuvieron al hijo de Joaquín Guzmán Loera, alias El Chapo Guzmán, El Chapito, en Zapopan, en el 2005.

En ese contexto se da la detención, también de su prima Claudia Adriana Elenes Salazar, acusada de colaborar en las actividades de lavado de dinero con Iván Guzmán.

Tanto Claudia Adriana Elenes como Crescencio y Leobardo Elenes, son sobrinos de El Chapo, ya que en Badiraguato, elementos de la entonces Agencia Federal de Investigación (AFI) detuvieron, en cumplimiento a una orden de cateo, a Crescencio y Leobardo Elenes Salazar en posesión de casi 60 gramos de droga sintética, 12 gramos de cocaína y un arma de fuego. La PGR informó que se trataba de sobrinos de El Chapo.

Héctor Caro Elenes –el que hizo negocios con Adrián Guerra--, también es señalado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos por presunto lavado del dinero de su padre, incluso, que es campeón ecuestre y representó a México durante los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 en la disciplina de equitación. 

De hecho, en un artículo de la revista Proceso, se informó que el Departamento del Tesoro había vetado a familiares de Rafael Caro Quintero con la Ley Kingpin y que los tenía en la mira por sus negocios presuntamente ilícitos donde se practica lavado de dinero.

Estados Unidos os boletinó como miembros de las redes del narcotráfico del legendario capo Caro Quintero. Se ha prohibido a los norteamericanos realizar transacciones financieras o comerciales con ellos y, a la vez, se ordenó congelar cualquier activo que puedan poseer en esa nación. Se trata de los hijos y de la esposa del sinaloense.

También están vetados por la Ley Kingpin, los familiares políticos y colaboradores de Rafael, quienes participan en por lo menos 15 negocios establecidos en Guadalajara, con sucursales en otros puntos del país.

Los boletinados son: María Elizabeth Elenes Lerma, esposa de Rafael y los hijos de ambos: Héctor Rafael, Roxana Elizabeth, Mario Yibrán y Henoch Emilio, todos de apellidos Caro Elenes.

También se señala como miembro de la organización a Denisse Buenrostro Villa, esposa de Héctor, y a Humberto Vargas Correa, asistente del preso Caro Quintero.

La acusación norteamericana señala que éstas y otras personas, cuyos nombres también enlistó, forman parte de una red criminal dedicada al lavado de dinero, figurando como dueños o administradores de diferentes empresas, entre las que se mencionan:

El Baño de María, S. de R.L. de C.V. (productos de baño y belleza)

ECE Energéticos, S.A. de .C.V. (gasolinera)

Pronto Shoes, S.A. de C.V. (CX-Shoes)

Hacienda Las Limas, S.A. de C.V. (centro turístico y spa)

LA FAMILIA

La familia de Rafael Caro Quintero ha sido una más en el Estado de Jalisco. Mucha gente sabe quiénes son y dónde viven. El estigma de haber crecido como hijos de un connotado narcotraficante los marcó y no pasaron desapercibidos para la sociedad; pero a la fecha ninguno ha sido vinculado a actividades delictivas, ninguna autoridad cuestionó o investigó oficialmente y con anterioridad el origen de la fortuna familiar.

Héctor Rafael, Roxana y Henoch nacieron en Culiacán, Sinaloa. Mario Yibrán, el menor, vio su primera luz en Guadalajara dos años antes de la detención de su padre. Todos crecieron en un fraccionamiento rico, al Poniente de la zona metropolitana de Guadalajara, al amparo de su madre, María Elizabeth, quien también estuvo al pendiente de su marido.

Los miembros de la familia Caro Elenes eran vistos en los distintos negocios que establecieron en Guadalajara y Zapopan. La más productiva de las firmas es El Baño de María, S. de R.L. de C.V., con sucursales en conocidos centros comerciales tapatíos: Gran PlazaPlaza México y Plaza Patria, así como en el Aeropuerto Internacional de Guadalajara y otros tres domicilios de esa ciudad.

La negociación de productos de baño y belleza también tiene sucursales en Puerto Vallarta, Mazatlán, Monterrey, Celaya, Los Cabos y Tijuana.

Denisse Buenrostro Villa, la esposa de Héctor Rafael, y nuera de Caro Quintero,  es una de las administradoras de El Baño de María. “La China”, como le llaman sus amigos cercanos, nació en 1980 y también fue estudiante de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Ha procreado dos hijos con su esposo y actualmente se encuentra a la espera del tercer heredero.

Los otros negocios son la distribuidora de calzado Pronto Shoes, S.A. de C.V. (CX-Shoes), con locales en Guadalajara, Guanajuato, Distrito Federal, Veracruz y Monterrey; así como Blue Point Salt, S.A. de C.V., que se dedica a la comercialización de sal natural fina en el municipio de Zapopan.

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