Ricardo accedió, se puso generoso, él podía con eso y mucho más; pero como siempre sucede, el joven nunca se dio cuenta que las bebidas “espirituosas” que las bellas damas tomaban no eran otra cosa que agua pintada y refrescos de manzanita, esto, para simular que provenían de un carísimo Moet & Chandon.
Pero el muchacho estaba alegre con tanta belleza a su lado, por lo que continuó la fiesta; no paraba de mirar a la lindísima güera oxigenada que se deslizaba por el tubo como si fuera una venus de otro mundo. Toño estaba maravillado, no lo podía creer, de pronto se sentía en el paraíso.
Al paso de los minutos y las horas, el alcohol hizo de las suyas, puso a Ricardo en modo “mala copa” y, como buen transforme, de pronto saltó de su cómodo asiento, pagó la cuenta y salió hasta las manitas del Aquah, balbuceando, arrepentido, pues se había chingado todo el aguinaldo.
Afuera le dio el “vampirazo”, pues ya eran las 09:00 horas y, el fresco viento de la mañana lo puso más jarras, por lo que, sin saber, pasó al segundo nivel y, ya en “modo insolente”, comenzó a repartir maldiciones por todos lados y a recordarle el 10 de mayo a cuanto transeúnte pasara por la banqueta del famoso table dance.
Los ‘honestísimos’ policías municipales de la unidad PV-449, que siempre están cazando borrachos, no tardaron en aparecer (como por arte de magia) y lo primero que escucharon de la boca del joven Ricardo fue un sonoro grito de… “todos son unos pendejos y chinguen a su madre…”.
‘Amables’, que es la principal característica de los uniformados, se acercaron a Ricardo, se identificaron como policías y le solicitaron que dejara de hacer escándalo en la vía pública; pero Toño, que ya era esclavo del Dios Baco, contestó de la siguiente manera: “pinches policías ustedes también chinguen a su madre…”, por lo que, indignados, los jenízaros, raudos y veloces, se lo llevaron directo y sin tocar baranda a los elegantísimos separos municipales, allá por Ixtapa, donde el pobre Toño durmió calientito, acaso soñando con volver a ver a las talentosas.





