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Viernes, 20 Septiembre 2013 02:27

Los elogios lastimosos de Luis Ignacio Zúñiga Bobadilla Destacado

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Cuando leí el contenido de la colaboración del profesor Luis Ignacio Zúñiga Bobadilla, el director de la Universidad del Valle de Atemajac, como primera reacción me acordé del legendario lema de la Universidad Autónoma de Puebla, aquello de “universidad democrática, crítica y popular”. De botepronto, procuré saber el lema de la institución que representa y resultó ser “Saber Más para ser Más”. Así, con mayúsculas.

 

Por lo regular, las universidades acuñan un lema que les da distinción y prestigio, pero tanto sus maestros como alumnos se identifican al grado de tatuarse en su mente cual religión que jamás han de olvidar. Así pasan a la historia lemas como el de la UNAM, el de la vecina UAN, “por lo nuestro a lo universal”; “por siempre responsable de lo que se ha cultivado”, de la Universidad del Valle de México; Sursum Versus, el latín de “hacia la cúspide” de la UAS, o el “piensa y trabaja” de la U. de G.

Pero, es probable que el maestro Zúñiga Bobadilla se conduzca con los principios del lema “permanezcamos unidos” es el lema de la también privada Universidad La Salle.

Pero, ¿a que viene todo esto?

Hasta la pregunta puede ser irrelevante, tanto o igual que el escrito firmado por el director del platel Vallarta de la UNIVA. Son cuestiones personales como personal fue la visión de Zúñiga Bobadilla al pretender de alguna forma influir en el ánimo de los vallartenses para aceptar la idea de que el presidente municipal, Ramón Guerrero Martínez es el alcalde mas talentoso que ha gobernado estas tierras de la costa de Jalisco y debe ser un individuo digno de ser admirado.

Hasta ahí todo bien. El alcalde siempre será sujeto a un escrutinio público del cual habrá un resultado en donde unos lo aplaudirán y otros lo aporrearán. De hecho, a días de cumplirse el primer año de su gestión, las posiciones se han polarizado en la ciudad y en su historia política reciente no se recuerda el radicalismo de opositores, por un lado, y de seguidores por el otro. Aplaudir y cuestionar a la autoridad, es igual a ser apedreado.

Pero, no nos desviemos. El punto en cuestión es el tronador aplauso que le llegó al alcalde del representante de una universidad con cierta presencia en la comunidad. Es como para celebrarlo. Pero si México es el país del sospechosismo, raro será que tal elogio es gratuito.  

Zúñiga Bobadilla se erigió como cualquier vecino que en su vida tuvo oportunidad de pisar las aulas de una escuela. Ya no digamos aulas universitarias, cursos, talleres, diplomados, maestrías y doctorados.

No es un secreto que la UNIVA es una institución ligada al clero. En pocas palabras, es una escuela católica, sabido por todos. Su primer director general, Álvaro Sánchez Navarrete, saltó de ese cargo y fue regidor por el PAN en el trienio 1997-2000. Su penúltimo director, Roberto González Gutiérrez buscó ser candidato a la alcaldía por el PRI en 2009, negoció una dirección y ahora despacha al frente del Instituto Tecnológico.

De Zúñiga Bobadilla no se conocen hasta ahora intenciones de brincar a la política. Más bien se mueve con la preocupación de reposicionar a su universidad en tiempos de una competencia que se le adelanta.

Decía años atrás, y lo repetían periodistas, que un estudiante universitario en su sano juicio jamás se desviaría de la senda del socialismo-comunismo, que debería probar las ideologías de izquierda, o que de menos jamás debería separarse de su olfato crítico hacia el gobernante en turno. Como antaño los priistas gobernaban todo y a todos, pues la moda estudiantil era erigirse en el crítico más mordaz del sistema priista. De ahí que los lemas universitarios iban de la mano con el sentir y el espíritu del rebelde.

Entonces, de ninguna forma se trata de azuzar ni invocar la rebelión popular. Se trata de que ese universitario ayude a la construcción de una sociedad de conciencia social. Así consideramos debería ser la visión de quien lidera una universidad, y por ende, dábamos por preciso, esa era la definición culta y pura del profesor Zúñiga Bobadilla.

Pero no exageremos y solo procuremos ser puntual en lo que consignó el director de la UNIVA. De su publicación retomemos algunos extractos. Se publicó el miércoles y tituló “Ramón Guerrero, cumple y avanza”.  

Se transcribe íntegro el primer párrafo. “Es un joven político con talento emprendedor, Puerto Vallarta lo ve y escucha con admiración; sabe donde se tiene que trabajar con ahínco, cómo lograr los objetivos planteados por una sociedad local la cual confía en se realicen los compromisos de campaña; a un año se ven resultados tangibles, no los que se desean aunque se habrá de reconocer los avances”.

Luego lo presentó como un egresado de la UNIVA, algunos mensajes al pueblo, sobre todo de su acto de informe, ofrece datos de programas de inversión a futuro.

Otra parte de su escrito encendió los ánimos. “Es de admirar su temple ante las embestidas, de la opinión minoritaria o de los manejos ideológicos que se hace de los asuntos municipales; los he estudiado y los determino como escenarios de intereses contrarios al bien social en un muy alto porcentaje. Él famoso ‘Mochilas’, nunca he sabido en realidad porque el mote, si me imagino porque se desprende de la idealidad para llegar a consumar lo mejor para la sociedad, desde ese templete levantado en un sitio de lodo, adelantó que se tiene en negociación un monto de 200 millones de pesos para transformar para bien de los niños y los que deseen divertirse sanamente en las plazas de las Juntas y las Palmas, delegaciones aparentemente olvidadas, no de la mente de este joven emprendedor de la política”.

El profesor aplica el método fácil para matar mensaje y mensajero al mismo tiempo pero rehúye el camino de argumentar con solidez su teoría. Pero al margen de aportar y carecer de ideas claras para refutar a quienes están convencidos de que Guerrero Martínez es un oportunista y gobernante corrupto, se asume como un gratuito defensor de un gobernante que no termina de convencer a un sector de la sociedad de estar en camino a erigirse como el alcalde llegado de fuera a salvar a Puerto Vallarta.

Por lo demás, no es el director, o rector, de una universidad el mejor individuo para asumirse como el portavoz de cualquier gobernante. No se parte del principio de que una universidad es el espacio que aglutina corrientes y voces, ideales y pensamientos de la más diversa pluralidad. Considerando que la UIVA es una institución privada, y que en consecuencia prepara profesionistas ad hoc para la iniciativa privada, esto lo ubicaría en teoría en una posición distanciada del poder político. Es decir, capacita mano de obra para producir y producir, jamás para producir defensores  de gobernantes ni tampoco para producir políticos.

De ahí pues el furor y malestar creado por su defensa a un alcalde que para tal función tiene a su servicio un numeroso equipo de comunicación social. Son ellos sus defensores, quienes tienen la responsabilidad de defender a su gobernante, a su gobierno y sus logros.

Ya para concluir. Desde el gobierno, no se ejecutan los programas cual capricho personal, ni de beneficio social como un manotazo adornarse y lucirse en lo personal. Cierto, es un privilegio influir en la distribución de los recursos públicos pero a la vez es una responsabilidad, y nunca son gestos generosos. La generosidad es propia de la filantropía y es muy aparte de posiciones de gobierno. En síntesis, quien percibe un sueldo, que por cierto en el caso del alcalde es alto, asume la responsabilidad de cumplir un trabajo sin menoscabo ni condiciones de recibir aplausos. Es obligación y responsabilidad.

 

REVOLCADERO

 

Por cierto, cual si todo se sujetó a un riguroso programa de prensa y propaganda, apenas se publicó el escrito del profesor Zúñiga, se difundió un video producido por el aparato de Comunicación Social del ayuntamiento cuyo contenido busca alcanzar la tarea de convencer  al pueblo de las bondades de las obras de gobierno y la generosidad de las acciones. Con eso se dijeron satisfechos quienes desde la primera leída del escrito de marras lo tomaron como un trabajo pedido por el gobierno municipal.****** Por cierto no cede la intensidad de quienes planean hacer realidad de recurrir al plebiscito de someter a una evaluación del pueblo al alcalde Ramón Guerrero. El sábado del Grito de Independencia le llevaron su manta recordándole su promesa de someterse al escrutinio de los vallartenses, de llamarlos a votar por su estadía o no al frente del gobierno. Solamente le tomaron la palabra de un discurso de campaña. No es el primer alcalde que pide al voto invocando a un examen popular intermedio pero que nadie cumple cuando se encumbra en el gobierno.***** Vaya, nos reportaron que se lastimaron algunas susceptibilidades y sensibilidades cuando en un anterior escrito, con el tema del PAN y su proceso para elegir nueva dirigencia, se n apareció el nombre del joven abogado Carlos Murguía Cibrián como un prospecto a la presidencia del CDM del PAN. Pero bueno, aquí corregimos y lo incorporamos a la lista del Ricky Ponce y la señora Olivia Pérez de González.

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