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Luis Alberto Alcaraz, de cómplice de homicidio culposo, a candidato independiente

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Por Jorge Olmos Contreras

De plano la vergüenza no es una condición privativa de los políticos, sino que alcanza a otros actores que en tiempos de elecciones salen de sus escondrijos para mostrar su rapacidad y ambiciones personales y mostrarse tal como son, develando además su verdadera careta, un rostro que puede ser tan oculto como quiera la propia sociedad; pero siempre habrá alguien dispuesto a desenmascarar a los lobos vestidos de ovejas que quieren sorprender a propios y extraños, a esos que le apuestan a la desmemoria del pueblo para presentarse como blancas palomas y erigirse en candidatos independientes y presumir que son la novedad del anquilosado sistema político mexicano.

En Puerto Vallarta, por lo menos dos aspirantes “independientes” a la presidencia municipal entran en esta categoría o en esta canasta, como guste usted llamarle, al paquete que pronto nos va a endilgar el Instituto Nacional Electoral (INE). Uno es el columnista de Empalme, Sonora, Luis Alberto Alcaraz López, cuyos antecedentes son tan negros y pesados (si los englobamos en una escala de valores, decencia, buenas costumbres y moral intachable) que no nos explicamos todavía cómo se atrevió a pensar siquiera que podría ser candidato a la alcaldía de Puerto Vallarta por esta vía, sin que brotara la podredumbre de su pasado.

Otro es un promotor de artistas de apellido rebuscado que de la noche a la mañana se quiso convertir en redentor de los necesitados y fracasó en el intento, toda vez que su pasado lo persigue, no lo deja en paz y su vida –que estuvo al borde del abismo--, en aparente tranquila y placentera, esconde un infierno que todos los días le quema cientos de miles de neuronas que adolecen los estímulos a las que acostumbró durante muchos años.

Este último personaje es muy conocido en los antros y el mundillo de los espectáculos, y pronto va a parar la mano para apuntarse como el redentor que no es, como el nuevo mesías que está dispuesto a sacrificarse por el “bien de Puerto Vallarta”; y cuando lo haga, cuando esto suceda, nos ocuparemos de él con un análisis que seguramente causará mucha polémica… todo es cuestión de días.

PROBLEMAS DE PERSONALIDAD

Por lo pronto, regresamos al tema de Luis Alberto Alcaraz López, el periodista que un día nos trajo otro sonorense (él sí brillante y respetado en los medios de comunicación de Jalisco), Gabriel Ibarra Bourjac, dueño de la revista Conciencia Pública y quien no se cansa de repetir, cada que tiene oportunidad, que está muy arrepentido de haber traído a Alcaraz a Puerto Vallarta. “Estoy en deuda con los vallartenses al haberles dejado a Luis Alberto, ha hecho mucho daño”, dice con cierto disgusto.

Si alguien nos pidiera definir a Luis Alberto Alcaraz, de inmediato diríamos que su principal conflicto es no aceptarse tal como es, ya que tiene serios problemas de personalidad. En alguna ocasión, y estando de testigo el líder de la CTM, Rafael Yerena Zambrano, el también periodista, José Antonio Fernández, le exigía que saliera del clóset, que se declarara tal como era, sin apariencias; pero Alcaraz guardaba un silencio sepulcral; y desde luego, no sabemos hasta qué grado le afectó su ego o le dañó que dudaran de su hombría.

Lo que sí sabemos es que odia que le digan Lagrimita, un apodo que surgió por su increíble parecido al payaso del mismo nombre y que se propagó gracias a que el mismo José Antonio Fernández, (amigo de Alcaraz y actual conductor del noticiero nocturno GDL Noticias) un día que estaban en los foros del Canal 4 de Guadalajara se le quedó viendo al verdadero Lagrimita y volteaba con Luis Alberto, los comparaba y con sorna nos decía: “Se parecen un chingo, no creen”.

EL LAGRIMITA DE VALLARTA

Desde entonces, a Luis Alberto Alcaraz lo conocen como Lagrimita y hace unas rabietas marca pitbull cada que alguien escribe el apodo o le dicen en su cara el burdo adjetivo calificativo, que para qué les contamos.

Cosas del destino, hace tres años el payaso Lagrimita, de nombre Guillermo Cienfuegos, participó en las elecciones a presidente municipal de Guadalajara como candidato independiente, y hoy Puerto Vallarta está a punto de tener su propio Lagrimita, en la figura de Alcaraz, también como candidato independiente a la alcaldía.

Dicen que Luis Reyes Brambila –el director editor del periódico Vallarta Opina—se tiró al suelo y comenzó a bailar break dance por la angustia y el nivel de tics nerviosos que lo atacaron, al conocer la noticia de que Luis Alberto Alcaraz quiere ser candidato independiente a la silla presidencial.

Como Reyes Brambila, otros actores de la política local y regional conocen muy bien a Luis Alberto y sus mañas y costumbres que pulió muy bien al ser la columnista estrella del Vallarta Opina durante años. Con decirles que dio un salto cuántico y de ser un muerto de hambre –literal—que usaba el pelo exactamente a lo Lagrimita y llevaba chalecos y calzado norteño a las comidas gratis de los políticos, de pronto se vio rodeado de lujos, casas, autos y demás; cambió de estilo y ahora gusta que le llamen “El Señor Alcaraz”.

EL CLOSET DE ALCARAZ

Y bueno, para los que andan entusiasmados por su inminente candidatura, o para quienes desconocen al verdadero Alcaraz e incluso, para aquellos desmemoriados, basta contarles sólo algunos cadáveres que tiene en el clóset este individuo que ahora se presenta como la solución para los males que aquejan a las administraciones que ha tenido Vallarta en sus gobiernos municipales.

De entrada, Luis Alberto Alcaraz, a principios de los años 90, le fue a llorar a Reyes Brambila para que le diera trabajo en el Vallarta Opina, diario que utilizó como trampolín para asesorar, cooptar y presionar (extorsionar, si se permite el eufemismo) a cuanto presidente municipal se sentara en la silla del Palacio, ya no se diga a directores y políticos de otro nivel.

Fue tan marrullera y dócil su columna (o tan agresiva cuando buscaba otro objetivo) que un día se embarcó en el proyecto político del desaparecido Rodolfo González Macías, a quien todos los días le echaba loas y flores. Tan lambiscón, que más tarde se convirtió en su director de comunicación social.

Al dejar su columna “Perfil Político” en stand by, Luis Alberto Alcaraz no se alejó del todo de los medios de comunicación; por el contrario, ahora servía como censor y fue en esta etapa donde comenzaron sus problemas.

LOS SOCIOS DEL DINERO FÁCIL

En el primer año de Rodolfo, Luis Alberto Alcaraz se asoció con el priista Antonio Lugo Morales (fallido espía del Cisen) y juntos formaron una empresa para poder sacar dinero fácil de la presidencia municipal, a través de la publicidad gubernamental.

La firma se llamaba Lace Publicidad SA de CV y, en efecto, los socios comenzaron a cobrar facturas de servicios inexistentes, con la gravedad de que la ley prohíbe que un servidor público se auto asigne contratos, convenios o haga negocios donde tenga un interés personal o de empresas en donde aparezca él o sus familiares hasta el cuarto grado.

En ese tiempo no había redes sociales, ni ley de transparencia, ni rendición de cuentas, nada. Bien podían facturarse cientos de miles de pesos de la partida correspondiente sin que nadie dijera nada.

Sin embargo, un alto funcionario de la tesorería municipal descubrió la transa y se lo hizo saber al tesorero primero, que era en ese entonces Humberto Famanía Ortega y luego al presidente municipal, a González Macías, pero el alcalde dijo que no se metiera en problemas, y que dejara el asunto en paz. El empleado que reparó en la fuga de dinero a través de Lace Publicidad, era Julio Olabarría, quien hasta hace poco fue el presidente del Colegio de Contadores de Puerto Vallarta; él tuvo por mucho tiempo documentos que avalaban dicho robo, denominado peculado.

EL HOMICIDIO CULPOSO

Pero bueno, eso es nada comparado con la conducta criminal y cobarde que un mal día de su vida adoptó Luis Alberto Alcaraz, al verse implicado en un accidente vehicular en donde falleció un señor mayor en el poblado de Rincón de Guayabitos.

Resulta que en esa ocasión tenía prisa por ir a un evento a Guadalajara, y para ello le pidió un favor a una reportera bisoña en ese entonces, que acaba de adquirir aun automóvil shadow rojo último modelo a crédito. Alcaraz solicitó a la mujer que lo acompañara a la Perla Tapatía.

Y así fue, un sábado por la tarde tomaron la carretera federal 200 rumbo al norte y se enfilaron a tierras tapatías, pero poco antes de llegar al crucero de Guayabitos, ya en el municipio de Compostela, iba cruzando la carretera un señor a paso normal, pero iban tan recio, a exceso de velocidad pues, que no alcanzaron a esquivar al hombre y lo atropellaron, lo lanzaron por los aires hasta que cayó en el pesado pavimento. El masculino falleció más tarde.

Luis Alberto Alcaraz entró en pánico, se puso histérico y se aferró a concebir una idea ruin, baja, aviesa, para librar el momento del accidente, deslindarse a como dé lugar y a costo de lo que fuera, del mal momento; pues no iba a perder su chamba de Director de Comunicación Social ni le iban a arruinar la vida metiéndolo en una celda.

EL PLAN Y LA GRACIOSA HUIDA

Como pudo, convenció a la reportera que lo acompañaba para que se echara la culpa de todo. Que dijera que ella iba sola en el carro y que se fuera a toda prisa a esconder el vehículo, pues el coche todavía tenía sangre y un pronunciado golpe producto del golpe que le dieron al infortunado hombre.

Otra versión dice que la reportera era la que iba manejando, pero que todas formas, Luis Alberto Alcaraz la abandonó a su suerte. La muchacha, desesperada y a punto del desmayo, estacionó el coche en unos viejos bungalows de Rincón de Guayabitos y como pudo, se regresó a Puerto Vallarta.

Sin medir las consecuencias, por la noche la reportera regresó al lugar del crimen, en donde había “escondido” el carro, y en cuanto abrió la puerta salieron de entre los árboles varios agentes de la Judicial de Nayarit y la tomaron presa. Nunca le perdonó a Luis Alberto Alcaraz que la haya dejado sola con el embrollo, que haya huido y que ni siquiera se atreviera a dar la cara para contar lo sucedido.

La reportera estuvo en prisión domiciliaria gracias a un abogado que le echó la mano, y después tuvo que ir cada semana a firmar el acta de responsiva a un juzgado. Ningún día, ningún fin de semana, ningún mes, Luis Alberto Alcaraz acompañó a esta mujer en el proceso judicial, por el contrario, le quitó hasta el habla, ya no quiso saber nunca más de ella.

Como ven, el señor que ahora quiere ser candidato independiente fue cómplice de un homicidio culposo. No fue honesto ni se portó como hombre el día del accidente, huyó como los cobardes y dejó a una dama tirada con semejante problema.

A la vuelta de los años, Luis Alberto Alcaraz reconoció en corto, y sólo porque la reportera se lo pidió, que, en efecto, el día del accidente él iba en el carro.

COMO UNA PESADA LOSA

Cosas de la vida que se llevan cargando como una pesada losa y que no se pueden ignorar por el simple hecho de querer engañar a un pueblo que está ávido de candidatos realmente limpios, honestos, con la moral a prueba de todo; no por oportunistas que esconden su pasado y se presentan como los nuevos Mesías.

Otro punto, igual de negro que al anterior, pero que lo contaré con más detalles en otra columna, es el abandono en que Luis Alberto Alcaraz tuvo a una niña –hija de él—que procreó con la publicista Raquel Jauregui, y por cuya irresponsabilidad fue demandado para que cumpliera con la manutención de la menor.

Este, estimados lectores, es sólo un pequeño resumen de un personaje que quiere ser candidato independiente y que, sin duda, va a arrastra a ilusos en su loca aventura, como al abogado David Benjamín Baumgarten Macedo, hijo de aquél fallido candidato a la presidencia municipal, Benjamín Baumgarten Joya, mejor conocido como “El Cheto” Baumgarten, a quien ya le ofreció ir en su planilla como candidato a síndico.

Por cierto, Luis Alberto Alcaraz estaba del lado de Rodolfo González Macías, que fue impuesto por “dedazo” y sepultaron las aspiraciones del Cheto Baumgarten; por eso llama la atención que el hijo del Cheto se sume ahora al proyecto de un actor que peleó contra la causa de su mismísimo padre.

Pero bueno, la política a veces es tan sucia, que muchos prefieren llenarse de estiércol la boca con tal de figurar.

 

 

 

 

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