Lunes, 11 Marzo 2019 07:26

Las dos sopas de Enrique Alfaro ante la contingencia ambiental de Vallarta y su secretario marisquero

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Por Jorge Olmos Contreras

Mal y de malas, el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro Ramírez se volvió a ganar el repudio de los vallartenses, al escribir en su muro de Facebook que ante la contingencia ambiental que se vive en este destino turístico, sólo hay dos sopas: “Aventar culpas y pretextos, o hacer equipo y ponerse a chambear”, lo que provocó que cientos de usuarios de esta red social lo criticaran y lo tundieran con comentarios muy, pero muy subidos de tono. El insulto más blandito fue el de una persona que expresó un… “Mejor cállate maestro limpio”.

Y es que Enrique Alfaro nunca se acercó a Puerto Vallarta en los momentos álgidos de la crisis ambiental originada por el rompimiento del colector de aguas negras que pasa por debajo de la avenida México a la altura de “Las Mojoneras”, y ahora le reprochan el desdén que mantiene hacía este centro turístico y sus mentiras.

El reclamo también lo es porque el gobernador pareciera estar saludando con sombrero ajeno al hablar en plural que “hicimos lo correcto y fuimos más allá estableciendo una mesa de coordinación entre los tres niveles de gobierno en materia de salud, agua y medio ambiente”.

Lo cierto es que el gobierno del estado tardó en reaccionar por lo menos 48 horas para atender la emergencia que se estaba registrando en el puerto al estarse vertiendo miles de metros cúbicos de aguas pestilentes y contaminadas a los afluentes que desembocan de alguna u otra forma en el Estero del Salado y de ahí a las playas cercanas del vaso lacustre.

EL SECRETARIO MARISQUERO

Tan no le dieron importancia al problema, que el secretario de Gestión Integral del Agua Jorge Gastón González Alcérreca prefirió operar vía telefónica el tema y desde la comodidad de su escritorio en Guadalajara preguntaba y giraba instrucciones para según él afrontar el asunto que ya se había salido de control para el martes 04 de marzo.

Sólo la presión mediática y en las redes sociales, orilló a Gastón González a levantarse de su silla de burócrata y trasladarse a Puerto Vallarta, a donde llegó con ínfulas del típico funcionario estatal al que hay que rendirle pleitesía y arrodillársele, pues tiene bastante intimidado al ingeniero Javier Rojas, el director del Seapal, quien no mueve un solo dedo al interior de la paraestatal, sin antes avisarle al soberbio secretario.

Jorge Gastón llegó a Puerto Vallarta el martes, pero andaba tan “preocupado” por la crisis ambiental, que el miércoles por la tarde se fue a comer unos deliciosos mariscos al restaurante “Ocho Tostadas” estadio, mientras los trabajadores del Seapal sudaban la gota gorda comiendo pollo asado de Mojoneras a la entrada de la pestilente zanja que abrieron para reparar el colector colapsado.

Nada de que el secretario de Gestión Integral se la partió y estuvo al pie del cañón junto con los empleados del Seapal y del Ayuntamiento que ayudaban en las tareas de los daños directos y colaterales. Nada de eso. El señor Gastón fue a darse un banquetazo de moluscos antes de que se contaminaran por las aguas residuales que inundaron áreas sensibles del Estero y el mar.

AVENTAR CULPAS

Pero como al gobernador no le importa Puerto Vallarta, le puso en bandeja de plata al Seapal a Jorge Gastón (hay que recordar que la Secretaría de Gestión absorbió por completo el manejo del organismo de agua potable), quien como ya vimos, no pasó la prueba del primer gran problema que se originó al romperse el colector.

Otra cosa muy distinta hubiera sido que el manejo de la crisis fuera atendido con la rapidez que ameritaba el caso, por la dirección del Seapal en coordinación con el Ayuntamiento; pero el secretario sólo vino a “supervisar” y a comer mariscos, de ahí la molestia de cientos de vallartenses en las redes sociales ante las expresiones vertidas por Enrique Alfaro de que sólo hay dos sopas, aventar culpas y pretextos o ponerse a chambear.

No sabemos a quién se refirió el gobernador con su frase “aventar culpas”, si a los medios de comunicación, al Ayuntamiento, al sector privado o a los directivos del Seapal, porque aquí el menos responsable de todo esto, el que menos culpa tiene, es el ingeniero Javier Rojas, quien no se ha cansado de informarle a Jorge Gastón la situación real del Sistema de Agua y la importancia de mantenerlo como un organismo modelo a nivel nacional con más obras, recursos, reparaciones y la prioridad se continuar interactuando con la sociedad vallartense a través de los medios, que al final es la que paga los servicios.

La culpa de esta crisis tampoco la tiene el jefe de prensa, Osvaldo Granados, que hizo lo que se pudo y hasta salió mal con algunos medios de comunicación que manejaron las noticias del colapso del colector, como con el representante de TV Azteca, Evaristo Tenorio, quien tras una rueda de prensa en la Unirse, casi lo golpea por unas diferencias en los contratos que mantiene el Seapal con la televisora de Ricardo Salinas Pliego, tema que abordaremos en otro espacio.

AL NIVEL DEL DRENAJE

Por lo pronto, observamos cómo la imagen del Seapal se cayó en una semana a niveles nunca vistos, mientras que la del propio gobernador se quedó a nivel del drenaje por sus desafortunados comentarios.

Y eso que la crisis ambiental todavía no pasa. Por el contrario, parece que se va a agudizar en los próximos días y meses, sobre todo si tomamos en cuenta lo dicho por Martín Pérez Peña, maestro en Ecología Marina de la Universidad de Guadalajara, e integrante del Comité Científico del estero del Salado, quien advirtió que “todavía no sabemos cuánto de los compuestos o elementos que pueden ser tóxicos se van a quedar en sedimentos. Una vez que se deje de verter el agua en el estero va a pasar un buen tiempo para que el ecosistema limpie el exceso de materia orgánica”.

Lo más preocupante es que el maestro Pérez manifestó que fueron como ocho campos de futbol de un metro de altura los que se estuvieron vertiendo por día al Estero durante la crisis.

Otros especialistas han dicho que la contaminación puede tardar meses, en virtud de que los sedimentos orgánicos (la popó pues) se van a ir al fondo del Estero, pero que cuando llueva, van a volver a salir y a viajar hasta las playas y de ahí al mar.

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