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Martes, 13 Marzo 2018 06:55

En la cancha federal, el asunto de Punta Paraíso… Y el vergonzoso oportunismo de Maylo

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Por Jorge Olmos Contreras

Luego de la denuncia pública que hicimos en este mismo espacio, en el sentido de que las autoridades estaban dejando solos a los pobladores de San Pancho, Nayarit, ante el avasallador proyecto inmobiliario “Punta Paraíso”, se originó una respuesta y como parte de la presión de la opinión pública y el descontento de grupos ambientalistas y vecinos de esa población, se movilizaron los principales asesores del presidente municipal de Bahía de Banderas para acercar a la gente con los encargados de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) y de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) respectivamente.

Dos fueron los estrategas al interior del gobierno municipal que lograron conciliar intereses con los vecinos de San Pancho, las autoridades federales y los propios desarrolladores encabezados por Carlos Lemus, al menos para que se iniciara una mesa de diálogo y se comenzaran a sentar las bases con el objetivo de construir consensos que permitan una comunión entre empresarios inmobiliarios, ambientalistas, representantes de la sociedad civil y autoridades, en el llamado proyecto Punta Paraíso, siempre ponderando el desarrollo turístico, pero privilegiando aún más, el desarrollo sustentable.

Quienes estuvieron atrás del alcalde Jaime Cuevas para que esto fuera posible y no se saliera de control –después de las protestas en San Pancho contra Punta Paraíso—fueron el secretario general del Ayuntamiento, Christian Valiente y el jefe del gabinete de la administración municipal, Juan González Ruiz.

Desde luego, no se ha dado una solución completa a las demandas de los pobladores de San Pancho, sin embargo, lo que sucedió el pasado 09 de febrero fue un avance, porque Jaime Cuevas gestionó –como es su deber—ante las instancias federales para que acudieran a Bahía de Banderas los delegados de la Semarnat, Roberto Rodríguez Medrano, y de la Profepa en Nayarit, Álvaro Mata.

EL RECLAMO

Hay que recordar que el principal reclamo de los habitantes de San Pancho al proyecto Punta Paraíso, es una supuesta invasión a la zona federal marítimo terrestre y terrenos ganados al mar, por lo que el asunto quedó en manos única y exclusivamente de la Dirección general de Zona Federal Marítimo Terrestre y Ambientes Costeros de la Semarnat.

Sin embargo, después de un mes de que se dio esta reunión, todavía estamos en espera del dictamen que emita dicha Dirección, para saber si el desarrollador está infringiendo alguna ley, está sobrepasando el área que le fue concesionada y si el permiso que obtuvo se basó en un concienzudo estudio de la Manifestación de Impacto Ambiental, la famosa MIA.

En este sentido, el presidente municipal ya cumplió, reaccionó a tiempo y sí dio la cara a los vecinos y grupos ambientalistas de San Pancho. Al menos.

Lo que falta ahora, es que el gobierno federal, a través de las dependencias involucradas, cumpla su papel y se reúna otra vez con la gente de San Pancho para rendir un informe que, al menos, restablezca la confianza de que no se va a atentar contra el medio ambiente, ni se va a violar ninguna disposición urbana.

LOS CANDADOS

El Ayuntamiento, por su parte –al menos así lo advirtió Jaime Cuevas—está dispuesto a poner los candados necesarios para evitar abusos de los desarrolladores, lo que en otras palabras quiere decir que sí los dueños de Punta Paraíso no tienen todo en regla en materia de permisos y autorizaciones de carácter federal, el gobierno municipal intervendrá dentro del ámbito de su competencia, para que sitios como San Pancho no sufran ninguna modificación en su desarrollo urbano, ni que se atente contra la imagen visual con edificios que violen la altura permitida.

EL OPORTUNISTA

Todo iba bien en este asunto del proyecto Punta Paraíso y su diálogo abierto, pero un oportunista que pretende llevar agua a su molino desde ahorita –porque alguien le dijo al oído que él puede ser el próximo presidente municipal de Bahía--, cogió la bandera de los ambientalistas protestantes, los convenció y se los llevó al congreso de Nayarit para que hicieran tremendo alboroto por un tema que ya se estaba atendiendo.

Se trata de Ismael Duñalds –Maylo para los cuates—un personaje perredista que le tira a todo lo que se mueva y que está dispuesto a tomar cualquier bandera, con tal de hacer campaña, desde ahora, por la silla presidencial de Bahía.

Si el gesto de Ismael Duñalds fuera auténtico, noble, original, genuino pues, sería bienvenido en los diferentes sectores de la sociedad de Bahía de Banderas, pero como sólo es un oportunista de marca, no tuvo el empacho ni el menor asomo de vergüenza para convertirse en “ambientalista” de la noche a la mañana y pegarle no sólo al gobierno estatal, sino también al municipal.

El papel de Maylo es legislar –por eso es diputado por la alianza PAN-PRD--, no andar de alborotador, ni aprovechándose de causas nobles para sacar raja política.

Ahora bien, como diputado y representante popular, debería ayudar a los habitantes de San Pancho a que las autoridades federales respondan, rápida y expeditamente, y den a conocer con trasparencia el expediente de Punta Paraíso. Pero no lo hace, porque su mirada está en la alcaldía de Bahía de Banderas, y sabe que, si se quita el traje de diputado y se pone el de protestante, podría sumar a su cartera un puñado de votos.

Ismael Duñalds sabe que toda carrera política está llena de altibajos, y que hay temas que no se pueden ocultar en la vida de todo político.

Y cuando salgan los de él, lo del Maylón (como le dicen otros), las ráfagas de viento soplarán en otra dirección.

O como lo dice él mismo cuando recurre a una de sus frases favoritas… “El que se quema con leche… hasta al jocoque le sopla”.

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