Desde lo alto de su casa, Simón solo lograba ver mucha oscuridad en toda la colonia, ese día ya no salió de su domicilio, ni a verificar nada. Al siguiente, muy temprano, alrededor de las 6 am se levantó y salió de su hogar solo para darse cuenta que el viento había tumbado algunos árboles afuera de su casa, que el tubo donde van los cables de alta tensión también; había cables tirados por doquier y su mufa se quebró, se le trozaron los cables que van a los postes.
Pero eso no fue todo, con la falta de energía eléctrica, a don Simón se le echaron a perder sus alimentos. Al día siguiente no fue a trabajar, tuvo que quedarse a limpiar, quitar los árboles y checar lo de su luz; estuvo en la mañana viendo si veía a los CFE para que lo pudieran ayudar, pero no tuvo éxito. Hasta el día viernes pudo tener luz y agua, pero perdió dos días de trabajo para poder arreglar lo que el huracán había ocasionado.
Mucha gente no fue a trabajar porque el servicio de camiones era casi nulo, la situación fue desesperante, muchos mejor nos quedamos en casa hasta que todo volviera a la normalidad.
Hoy, la contamos, estamos con vida y eso ya es ganancia, reflexionó Simón, otro vecino que vivió la noche más larga de Vallarta.